martes, 3 de enero de 2012

Los colores de una sombra

Casi dos años después
de aquel primer impacto piel con piel,
de sentir en mi boca tu sed,
y de mirarte con otros ojos,
salientes de mi ser.

Más de seiscientas noches después,
y sigo pensándote, desafiando el pronto paso del ayer,
aunque sea sólo un segundo,
aunque sea con rabia sorda o nostalgia,
o con desgarrador (des)amor.

Y aunque pasen mil días mas
(y un millón de días menos),
tus ojos seguirán siendo el imperativo del verbo volver,
y tus labios el camino,
y nuestros besos el modo de darle un sentido
a la verborragia sentimental que siento al cruzarte en mi campo visual.



(Y es que no hay beso mayor, ni más dulce encuentro que el de tus labios rozando los míos.
Mi mayor alimento tu humeante lengua retorciendo en mi mundo.)

No hay comentarios: