sábado, 31 de julio de 2010

El amor no se vende en conserva

Antes de comprar un producto, hay que mirar la fecha de caducidad, de nada vale hacerlo en casa, hay que hacerlo en el acto, en el lugar. Y valorar si nos dará tiempo a aprovecharlo, o si a la larga nos veremos obligados a tirarlo sin mas.
Los supermercados son campos de estanterías cargadas de productos, no hay prisa por coger uno, comprarlo e irnos de la tienda. Una sabia elección lleva su tiempo, quizás haya personas que pasen su vida recorriendo los pasillos sin encontrar lo que realmente buscan, pero no importa, porque hay algo más importante que comprar lo que queremos, y es quien nos acompaña en esa búsqueda.
No se trata sólo de hallar un artículo, se trata de primero comprobar que es lo que verdaderamente queremos y necesitamos, cosa que tendemos a olvidar.

El amor caduca, el amor perece, pero parece estar a pie de calle, esperándonos.
No hay prisa por tomarlo, primero hay que pensarlo...

viernes, 30 de julio de 2010

Un poema que escribiría en tu agenda si pudiera

El cielo cubierto en esta noche que no llega,
las estrellas dicen que no volverán a brillar.
El frío se cuela por la ventana,
no me deja soñar.
Los párpados me pesan,
tu recuerdo es cemento que cubre hasta mis cejas.
Me llora el alma…
Mi corazón tirita.
Un nudo en la garganta me impide decir mas…





Lo escribí hace algunos días.

miércoles, 28 de julio de 2010

Estamos ciegos de ego

Cuando observas que en países no muy lejanos al tuyo reına la pobreza, que el dolor de esas personas no lo causa un sentımıento como el amor, sı no el hambre, te planteas cıertas cosas, cıertos prıncıpıos quızás, y de pronto te lıcencıas en medıcına, pero no en esa que consıste únıcamente en recetar pastıllas, no, sı no en la medıcına de la vıda. Y sın estudıar nınguna carrera puedes dıagnostıcar la enfermedad del hombre: el egocentrısmo.

martes, 6 de julio de 2010

A veces quisiera sólo ser madre



Se me ocurrió anoche, a unas horas indebidas, una comparación interesante.


Siempre he sufrido grandes debates entre lo que llamamos corazón, y la mente. Cuando uno dice algo, o más bien lo siente, la otra intenta impedirlo, o aconsejarle de tal modo que lo único que consigue es oprimirle.


Así, llegué a la conclusión ilustrada de que la mente toma el papel de madre, y el corazón; de hijo. La madre, quiero decir la mente, parece que ya lo ha vivido todo, ajena a todo tipo de inclinación sensible, como si quedara lejos de aquel tiempo en el que una vez también ella sintió, y sólo sabe pensar de forma fría, casi material.
El hijo en cambio, el corazón, apenas sabe nada de la vida, y cree que cuando se enamora es para siempre, que la vida es color de rosa, y que el amor merece ser defendido a capa y espada.


Como toda madre, la mente ha de proteger a su polluelo, al corazón. E intenta hacerle ver que sus ideales se marchitarán con el tiempo, y que si no tiene cuidado, podrá darse buenos golpes.
Pero como todo hijo en plena adolescencia, sus oídos quedan sordos para los consejos.


Si se llega a producir un gran enfrentamiento entre ambos, la madre no tendrá derecho a echar a su hijo de casa, y si lo hiciera, lo único que conseguiría sería dejar su hogar vacío.


Como las flores necesitan del agua, como el agua necesita de la lluvia, y como la lluvia necesita de las nubes; la mente necesita del corazón, y viceversa.


Mi mente dijo en ese momento: “Yo, concedo algunos caprichos a mi hijo, y de vez en cuando aún sabiendo que se va a tropezar, le dejo caer para más tarde me venga llorando, así aprende.”


Mi corazón no quiso hablar, últimamente parece ausente…

domingo, 4 de julio de 2010

Hacía tiempo que no escribía; ni textos ni poesías,
por falta de inspiración supongo.

Ahora podría llenar cuadernos y cuadernos sin dejar un solo hueco.
Esto tendría que alegrarme, ¡por fin algo que decir! ¿No?

En cambio… Preferiría no tener nada que contar.

sábado, 3 de julio de 2010

Soy una metáfora

Vivo en una metáfora, todas mis palabras tienen un doble sentido, son imágenes de las cavernas más profundas donde habita bajo el agua el habla.

Hay gente que se pierde, dicen, con tanta metáfora, yo también pierdo el rumbo, pero no es ésta la causa, sino que como cualquiera, mi gps a veces también falla.

Y en ocasiones me quedo sin vocablos, las aristas de mis vísceras sólo escupen silencios que se prolongan en el tiempo...




Mis entrañas quedan sordomudas.